Una mujer estaba sentada sola en la sala de su casa, viendo hacia
el infinito galáctico cuántico. Subjetivamente, en sus adentros
ella especulaba que no hay nadie más en el mundo. Todos los seres
han muerto, eso creía, pero todo el mundo la ve. Golpean a la
puerta, se levanta sobresaltada y abre la puerta. No era lo que
esperaba. Era un gato que iba corriendo y dio con su cabeza en la
puerta de su casa quedando muerto ipso facto. Acto seguido,
entró Roberto. El vecindario ya estaba en pie viendo el alboroto
gatesco, pero ella no se percató y cerró su puerta …
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B